Aprendiendo a vivir: el descanso
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Aprendiendo a vivir: el descanso

Jul 08, 2015 Dr. Fernando Sarráis

Aprendiendo a vivir: el descanso

Autor: Fernando Sarráis
ISBN: 9788431327682
Colección: Persona y Cultura
Año: 2011
Páginas: 136
Peso: 0,130 Kg.
Precio: 9,00 € (8,65 € sin IVA)

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Descripción

¿Qué manifestaciones afectivas acompañan al cansancio? ¿Cuáles son las características del cansancio psíquico? ¿Qué actividades nos ayudan a descansar? ¿Cómo mejorar la calidad del sueño? ¿Por qué descansan la risa y el buen humor? ¿Cómo lograr un equilibrio psicológico que prevenga el agotamiento? ¿Qué relación tiene el descanso con la felicidad? ¿Cómo evitar las preocupaciones? Fernando Sarráis, es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco, Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra y Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Especialista en Psiquiatría, desde agosto de 1998, ejerce también como Profesor Adjunto de Psicopatología de la Educación y de Psicología Social en la Universidad de Navarra.

Muestra de contenido

ÍNDICE

1. Introducción

2. El cansancio y sus consecuencias

3. El descanso y sus consecuencias

4. Descanso físico: El reposo – La relajación – El sueño

5. Descanso psíquico: De las preocupaciones – De la rutina y del contexto ordinario – De la tensión y del estrés – De las responsabilidades – De dar buena imagen – Del aburrimiento – De la competitividad – De la necesidad de éxito – De los demás – De la perfección – De dar – Del miedo – De la prisa – De la actividad – De ayudar

6. Actividades que descansan: El ejercicio físico – El disfrute de los sentidos – La música – El cine – La lectura – Los juegos – Las excursiones y los viajes – La contemplación – La familia y los amigos – La caza, la pesca y otras actividades semejantes – La risa y el buen humor – Las manualidades y los arreglos – La jardinería y la horticultura – Las mascotas y animales de compañía – La oración y las actividades religiosas

7. Epílogo

Introducción

“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo;
y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo” (Génesis 2, 2).

Este texto es fruto de muchos de años de dedicación profesional a tratar los problemas físicos y psíquicos relacionados con el estrés y la ansiedad, producidos por el exceso de una actividad laboral o productiva que no va acompañado de un tiempo proporcionado de relajación o reposo; con otras palabras, los problemas que se derivan de un desequilibrio entre cansancio y descanso.

El propósito principal de esta obra es enseñar a prevenir el cansancio de origen psíquico (afectivo e intelectual); especialmente, el que se va acumulando poco a poco, durante mucho tiempo, y se convierte en crónico. Este tipo de cansancio pasa desapercibido durante años, y es difícil de tratar. El cansancio físico, en cambio, es fácil de percibir y resolver.

A lo largo de las páginas que siguen, se repiten un buen número de veces, como el estribillo de una canción, algunas ideas:

  • que el cansancio psíquico crónico está relacionado con la manera de vivir,
  • que produce emociones negativas (temor, ansiedad, preocupación, tristeza, prisa), y
  • que el descanso depende de la realización de algunas actividades que promueven emociones positivas y neutralizan así las negativas.

Esta repetición tiene la finalidad de grabar en la memoria del lector la enseñanza principal del texto. Con el mismo propósito, recurro de vez en cuando a los dichos populares.

Como se trata de un trabajo de divulgación, el modo de abordar los temas carece de la profundidad que hubiese deseado un experto en la materia. Tiene, en cambio, la ventaja de ser más accesible a la mayoría de las personas que pueden padecer un desequilibrio entre cansancio y descanso.

En mi actividad profesional, paso mucho tiempo explicando a mis pacientes modos de no cansarse tanto y de descansar más y mejor. Este pequeño libro puede ahorrarme parte de ese tiempo, pues será un complemento a la receta de medicamentos que con frecuencia los pacientes se llevan a casa.

El texto que he escrito no es para leer deprisa y de un tirón, sino más bien para leer despacio y pensar, o para volver a leer, cuando interese, algún apartado concreto.

En general, es un texto más preventivo que curativo: no contiene tratamientos específicos de las alteraciones físicas y psíquicas que se relacionan con el cansancio crónico.

*   *   *

Hay muchas personas que ponen toda su atención en lo que deben hacer en el mundo exterior: trabajo, familia, amigos; y procuran hacerlo muy bien, de modo oportuno, y agradando a todos. Sin embargo, apenas prestan atención a su mundo interior, a sus necesidades físicas y, sobre todo, a sus necesidades psicológicas y espirituales. Estas personas saben cuidar bien a los demás, pero no saben cuidarse a sí mismas.

Con frecuencia, al cabo de los años, cuando su resistencia al esfuerzo disminuye por la edad, empiezan a presentar signos y síntomas de cansancio crónico que, en muchos casos, afectan a su esfera corporal en forma de cefaleas, astenia, insomnio, dolores de espalda, molestias digestivas, problemas dermatológicos, hipertensión arterial y un largo etcétera. Toman conciencia de estos síntomas y acuden al médico de familia y a los especialistas en busca de una solución, para poder trabajar como hasta ese momento. Sin embargo, apenas son conscientes de la relación de esos síntomas corporales con el estrés crónico en el que han vivido durante años, y que les ha producido un desgaste crónico. No buscan una solución para la causa, sino para los síntomas; por eso, su situación suele ser irreversible. Estas personas acaban acudiendo a repetidas consultas y exploraciones médicas, y reciben medicación durante años, sin llegar a resolver el problema de fondo. Con el paso del tiempo, éste se complica con alteraciones psicológicas, especialmente con una depresión. Suelo decir a mis pacientes que “después de la tensión viene la depresión”.

Como ejemplos esclarecedores de la falta de equilibrio entre cansancio y descanso, tensión y relajación, actividad y reposo, me gustaría citar tres enfermedades físicas que están “de moda” en occidente: el síndrome de estar quemado (“burn-out”), la fibromialgia y la astenia crónica. Estas y otras enfermedades, agrupadas bajo el epígrafe de enfermedades psicosomáticas, tienen como base común la tensión psíquica, que se hace crónica por falta de relajación o descanso. Se dan en personas de carácter o personalidad perfeccionista, hiper-responsables, muy autoexigentes, dependientes de logros o éxitos, con marcada propensión al activismo y a las obsesiones, controladoras, con tendencia a sentirse culpables de las cosas que no van bien en su entorno, competitivas, voluntariosas. Están siempre en tensión, debido a la necesidad patológica de cumplir sus obligaciones con el mundo exterior, y abandonan los deberes respecto a sí mismas: el descanso, el disfrute y la relajación.

A este tipo de personas va dirigido especialmente este libro, pues son las que menos saben descansar.

Epílogo

Algunas personas, empeñadas en tener éxito en la vida o movidas por un excesivo sentido del deber, se olvidan de que estamos en este mundo para ser felices y ayudar a los demás a ser felices. Es difícil que una persona que no sabe ser feliz enseñe a otras a ser felices o contagie felicidad.

Es verdad que un elemento necesario para ser felices es hacer las cosas bien, y es nuestra conciencia la que nos dice qué cosas debemos hacer y cómo debemos hacerlas. Pero, para ser felices, necesitamos además la libertad. Es decir, debemos hacer lo que debemos y como debemos, pero libremente, porque “nos da la gana”. Cuando hacemos las cosas porque tenemos miedo a fracasar, a sufrir, a sentirnos culpables o inútiles, entonces no actuamos con libertad o con suficiente libertad, porque el miedo, que pertenece a la afectividad, la limita.

Ciertamente, los fenómenos afectivos siempre acompañan a todas nuestras vivencias, pero debemos controlarlos, educarlos, para que, en lugar de ser un obstáculo a la libertad, refuercen el querer de la voluntad, y nos ayuden así a ser más libres y, por tanto, más felices.

En esa tarea de alcanzar un equilibrio jerárquico (ha de mandar lo superior) entre la cabeza (inteligencia y voluntad) y la afectividad (sentimientos, emociones y estados de ánimo) consiste el proceso normal de maduración psicológica, que favorece la salud mental y nos ayuda a ser felices. Lo contrario (el desequilibrio) produce personalidades inmaduras (neuróticas, en términos psicológicos), condenadas a padecer cierto grado de angustia existencial, y para las que es difícil conseguir la felicidad.

Muchas de las personas que padecen angustia están en permanente tensión psíquica. Esto las conduce al agotamiento de las energías vitales, que acaba en el agotamiento físico y en la enfermedad psíquica. Mientras no se consigue la madurez psíquica, que es una tarea de toda la vida, es necesario vivir un adecuado equilibrio entre lo negativo y lo positivo de la vida: el cansancio y el descanso, la obligación y la devoción, el sufrimiento y el disfrute, la actividad y el reposo, la tensión y la relajación, la compañía y la soledad, el sueño y la vigilia. Sólo así se puede prevenir el agotamiento.

Cuando el desequilibrio es muy marcado, o es poco marcado pero muy duradero en el tiempo, acaba por romper física y/o psicológicamente a las personas. A unas antes y a otras después, según la resistencia psíquica y la edad. De ahí la importancia de la prevención (“el que avisa no es traidor”).

Siempre es más útil prevenir que curar. Por eso es preciso tener en la mente, junto a las tareas a realizar en el mundo exterior, la tarea básica a realizar en el mundo interior, que es lograr, tener y mantener la paz y la alegría, “a pesar de los pesares”. De esta manera, se evitan el agotamiento y los cansancios crónicos, que dificultan vivir una vida feliz y hacer felices a las personas queridas, que es más importante que todas las posesiones materiales.