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Artículos y entrevistas

La obesidad (entrevista)

Jul 09, 2015 Dr. Fernando Sarráis

La obesidad común, esa en la que a la persona le sobran entre 10-15 kgs., acarrea problemas psicológicos? ¿Es causa o efecto de éstos?

El sobrepeso tiene relación don un estilo de vida inadecuado, generalmente con un elevado y habitual estrés, que es el nombre que se da a la ansiedad provocada por la forma de vivir. La ansiedad es un sentimiento negativo opuesto al relax y la calma. Impulsa a realizar conductas que alivien ese malestar, una que mejoran el rendimiento personal y otras que pueden perjudicar la salud física (tabaquismo, consumo de alcohol y comer en exceso o picar comida con frecuencia). La boca se suele emplear para liberar la ansiedad o tensión psíquica: morderse las uñas, hablar, comer, beber, fumar.  Hacer cosas para calmar la ansiedad es frecuente: pasear sin parar, moverse en el asiento, balancear las piernas cuando se está sentado, tocarse el pelo con frecuencia, y otras conductas que son como tics.

Las conductas orales no sólo liberan ansiedad sino que producen unas sensaciones placenteras que neutralizan las sensaciones afectivas que acompañan a la ansiedad: miedo, preocupación, vergüenza, impaciencia.

Se debe de tratar la ansiedad y la causa de la misma si se quiere resolver adecuadamente el problema del sobrepeso.

Por otra parte, por la necesidad de sentirnos queridos por los demás y por nosotros mismos, necesitamos un forma corporal adecuada a las normas de belleza social. Estamos preparados por la naturaleza psicológica a percibir, estimar y amar la belleza, y pensamos que lo mismo les ocurre a las personas que nos rodean.  Cuando nos sentimos queremos y somos querido nos sentimos valiosos, seguros y tranquilo, sin miedo a que nos rechacen, nos humillen, libres del peligro de sufrir. Las personas con sobrepeso viven con este temor, que si dura muchos años puede crear arraigados sentimientos de inferioridad,  inseguridad, temor al rechazo y al fracaso personal pues si no se puede controlar la ingesta y el peso ideal se piensa que no se controlarán otras obligaciones personales, que se acompañan de pensamientos negativos de uno mismo, que desaniman para luchar por conseguir metas valiosas en la vida.

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Benjamin Marshall, c. 1806

El “obeso feliz” por tanto…¿es un tópico falso?

El obeso siempre sufre por su obesidad,  más aún la mujer porque su afectividad está más fuertemente unida a su corporalidad, pero puede ser feliz siendo obeso como lo puede ser otra persona con otro problema físico, pues ni mucho menos el peso es la causa principal de la felicidad.

La impresión de que los obesos son personas alegres se debe a que estas personas tratan de compensar la posible mala impresión que pueden dar por su sobrepeso con una actitud jovial basada en una sonrisa habitual en las relaciones sociales, pues la alegría siempre cae bien y hace atractivas a las personas. Es una concreción del refrán: “poner buena cara al mal tiempo”.

También es cierto que los obesos, lo son porque se conceden caprichos en la comida, y también en otras cosas placenteras, por lo que, a corto plazo, disfrutan más que las personas que se privan para tener una buena figura y una buena salud física, que a medio y largo plazo tienen la recompensa de sentirse bien con su cuerpo.

A menudo se “tilda” al obeso de falta de voluntad, de rigor, de disciplina…limitando el problema al ámbito de la psicología…¿en qué medida es esto así?

En muchos casos hay algo de cierto en la afirmación de que a los obesos les falta autocontrol, disciplina y voluntad para decir que no a la comida. Esto es así con todas las conductas de consumo excesivo.

Como ya se ha adelantado, con frecuencia no es tanto la falta absoluta de voluntad sino el desequilibrio entre esta y el otro motor de la conducta que es la afectividad. Ya hemos comentado que es frecuente que los obesos, por su modo de vida, tiene de modo habitual un estado afectivo negativo (ansiedad, inseguridad, temor, preocupación) que les impulsan, con una fuerza mayor que la de la voluntad, a realizar conductas que liberen o neutralicen, a modo de antídoto, esos afectos negativos con afectos positivos.  Y el comer es una conducta muy accesible, en nuestra sociedad occidental, para sentirse bien.

Y la obesidad mórbida, en cuanto a problemas psicológicos se refiere, en qué se diferencia de la anterior?

Pienso que la diferencia está en la intensidad del problema: físico y psicológico. Pues el malestar psicológico que produce el sobrepeso aumenta exponencialmente con la magnitud del mismo. El rechazo de uno mismo y de los demás, el sentimiento de inferioridad, la frustración y la tristeza que produce no ser admirado ni querido y no poder vivir como los demás es mayor cuanto más sobrepeso. Además, en todos los problemas que hacen sufrir siempre queda el alivio de la “esperanza” de solucionarlo. El refrán dice que la esperanza es lo último que se pierde pues perderla lleva a la desesperación que pude producir conductas  peligrosas para uno mismo. Es frecuente que las personas con obesidad mórbida, por la magnitud del problema, hayan perdido la esperanza de solucionar el sobrepeso y que, además, por haber tirado la toalla en su intento de controlar la ingesta hayan llegado a ese sobrepeso extraordinario.  En estas personas la perdida de la esperanza aumenta notablemente su sufrimiento. De ahí que la familia y los profesionales traten siempre de infundirles esperanza, al menos de mejoría.

Si el paciente de obesidad mórbida decide tomar medidas como la cirugía, ¿necesita preparase psicológicamente para la operación? ¿Y para el post operatorio?

Toda persona que va a ser sometida a cirugía necesita una cierta mentalización de que va sufrir ciertas molestias: por la cirugía, por la rehabilitación alimentaria que supone este tratamiento y por el reajuste fisiológico de un marcado cambio de peso. Pero no se trata de una preparación especializad o técnica, que precise un psicólogo o psiquiatra. La puede hacer el propio cirujano y las enfermeras especialistas en esta cirugía. Por otra parte, las expectativas de mejora, y la rápida pérdida ponderal, que son muy gratificantes, ayudan mucho a sobrellevar las molestias mencionadas.

En cambio, si es oportuno una atención psicológica especializada para el post operatorio. No tanto para el inmediato, sino el de medio y largo plazo, pues ya hemos comentado que es frecuente que estas personas tengan una manera de ser y de vivir que tiende a realizar conductas inapropiadas para neutralizar sus frecuentes afectos negativos. Si no les ayudamos a solucionar esta situación es frecuente que los beneficios de la cirugía no sean los deseados o que el paciente sustituya la conducta de comer por otra también problemática.

Desde un punto de vista psicológico, ¿cómo es aconsejable llegar a una intervención de estas características?

No hay una actitud específica recomendada. Se debe tener la actitud general ante cualquier decisión importante en la vida: optimismo, seguridad de que se está haciendo lo que se debe pues así lo han recomendado los profesionales, realismo que lleve a ser conscientes de las ventajas e inconvenientes de dicha intervención para no llevarse sorpresas desagradables, confianza en las personas que van a llevar a cabo dicha intervención, y paciencia para pasar con calma todas las etapas de dicho tratamiento hasta que se consigue los resultados deseados.

¿Hay pacientes NO aptos (para la intervención) debido a que se “muestran felices”?

No hay pacientes que sean no actos porque sean felices debido a su sobrepeso. Ya hemos dicho que todos los obesos sufren por su condición. Pero cada persona tiene una diferente tolerancia a la frustración que acompaña al sufrimiento, y hay obesos que lo llevan mejor y otros peor.

Es verdad que hay personas que cuando pierden mucho peso se deprimen, pero no es directamente debido a la pérdida de peso sino al efecto positivo que tiene la comida sobre el estado de ánimo. Ya hemos comentado varias veces que los obesos suelen tener afectos negativos y usas la comida para sentirse mejor.  Al dejar de comer pierden su antídoto afectivo y se deprimen. De ahí la importancia de tratar psicológicamente esos estados afectivos negativos después de la cirugía bariátrica para prevenir la depresión y prevenir caer en otras conductas compensatorias del estado afectivo negativo.

Una vez pasada la intervención, ¿cómo se va adaptando la mente de un obeso a su nueva alimentación?

La ilusión de perder peso y la realidad de dicha pérdida les facilita mucho la adaptación a las nuevas costumbres alimentarias. Ya dice el refrán: “si hay un porqué no importa el cómo.  Creo que la gran mayoría de los pacientes se adaptan muy bien. Además hay ya mucha experiencia de estas intervenciones y los profesionales han establecido protocolos muy claros y concretos para prevenir y adelantarse a las dificultades que se pueden presentar.  No hay que olvidad que la intervención es mínimamente invasiva por lo que la recuperación física es muy rápida y la adaptación del aparato digestivo a muy buena a todo tipo de intervenciones. Quizá, por llevar el ascua a mi sardina, la adaptación más difícil sea la psicológica por las razones ya expuestas.

¿Y después…? ¿Lo que antes se canalizaba con la comida, cómo sale?

Por el ejercicio físico y los hobbies. Pero lo importante no es la vía de salida sino la de entrada: evitar acumular tensión, estrés, ansiedad, y en general afectos negativos. Para lograrlo deben respetar al menos cuatro prohibiciones: las prisas, los enfados, las preocupaciones y los miedos. Si se lucha por evitar estas situaciones se consigue al menos reducirlas mucho y la calidad de vida mejora notablemente y es más fácil mantener la tranquilidad y el buen humor de modo más habitual, que es el mejor antídoto de todo tipo de excesos conductuales.

¿Qué beneficios obtienen, desde un punto de vista psíquico, los pacientes tras la cirugía? (aumento en su confianza, autoestima, etc. – diferencia de cómo llegan frente a cómo están después de operados)

Ya se ha comentado que la felicidad no depende sólo de la comida y del peso corporal.  Por ello no hay que esperar que la reducción del peso resuelva otros problemas de la vida que pueden dificultar ser feliz. Pero si es verdad que contribuye a despejar del panorama personal un problema que ha podido lastrar durante años la ilusión de lograr metas valiosas personales, profesionales, sociales y afectivas. Hay personas que por el sobrepeso no han podido viajar, casarse, trabajar en ciertos trabajos, hacer deporte, y realizar otras actividades que son muy agradables. Y por esta razón han soportado durante años frustración y tristeza que se ha ido acumulando y arraigando en su personalidad haciéndola pesimista, negativa y melancólica.

Por esta razón conviene no esperar a realizar esta intervención muchos años, pues el daños psicológico del sobrepeso puede ser más difícil de superar cuando se es mayor.  Aunque siempre se produce una mejoría psicológica con la reducción de peso no siempre se puede cambiar la personalidad negativa después de muchos años de sufrir su efecto psicológico negativo.

El obeso mórbido mejora su situación psíquica y anímica tras la operación? ¿Cuánto tiempo se tarda en lograr esa sensación positiva?

La mejoría psicológica empieza antes de la cirugía con las expectativas de poder solucionar su problema de sobrepeso. Como la pérdida ponderal después de la cirugía es rápida y permanente, los efectos psicológicos positivos son rápidos y permanentes, pero la huella negativa en la actitud psicológica ante sí mismo y ante la vida se va borrando progresivamente a mediad que pasan los meses y años, siendo más rápido este proceso de cambió psicológico en las personas más jóvenes.  Si no fuese así, esta intervención no hubiese alcanzado la difusión y el prestigio que tiene ya en la gente de la calle.

¿Cómo recomienda afrontar los cambios, hacer frente a su nueva vida? (rol del apoyo familiar, etc.)

No tengo ninguna recomendación específica para estas personas. Tengo una recomendación que es común para toda persona que ha superado, o está en vías de superar, un serio problema de salud: vivir lo más normal posible para ser normal cuando antes. Todos aspiramos a ser como los demás en lo negativo, en los defectos, y aspiramos a ser mejor que los demás en lo positivo, en las virtudes.