Personalidad
Libros publicados

Personalidad

Jul 09, 2015 Dr. Fernando Sarráis

Personalidad

Autor: Fernando Sarráis
ISBN: 9788431328887
Colección: Astrolabio Salud
Año: 2012
Páginas: 304
Peso: 0,460 Kg.
Precio: 20,00 € (19,23 € sin IVA)

COMPRAR EL LIBRO >>

Descripción

Se trata de clarificar los conceptos relacionados con la manera de ser de las personas: su temperamento, carácter, personalidad, sus rasgos. Y también explicar la importancia de conocer las características y el funcionamiento de la propia personalidad y la de los demás, para poder vivir y ayudar a vivir una vida más plena y feliz. Para lograr estos objetivos recoge la opinión de los principales investigadores de la psicología de la personalidad, que, en conjunto, aportan valiosos datos para conocer la razón de las diferencias y de las semejanzas en la manera de ser de las personas. Además, expone un detallado conjunto de características de la personalidad normal, madura, sana y feliz, y de la personalidad anormal y patológica. Termina recogiendo y explicando las técnicas y procedimientos más usados para el estudio y evaluación de la personalidad.

Muestra de contenido

ÍNDICE

1. Introducción

2. Concepto de personalidad, carácter, temperamento, rasgo, dimensión, factor

3. Historia de la psicología de la personalidad: 1. Antecedentes filosóficos – 2. Aportaciones de la literatura – 3. Acercamiento médico y constitucionalista: 3.1. Los partidarios de la doctrina humoral: Hipócrates, Galeno, Wundt, Paulov, 3.2. Los defensores del constitucionalismo y la tipología: Lavater, Gall, Krestchmer, Sheldon

4. Teorías de la personalidad: 1. Teorías neurobiológicas – 2. Teorías psicoanalíticas – 3. Teorías humanísticas – 4. Teorías conductistas: conductismo radical y teoría del aprendizaje social – 5. Teorías estructurales: rasgos, dimensiones y factores – 6. Teoría ecléctica

5. Personalidad sana, normal, feliz

6. Personalidad patológica y trastornos de personalidad

7. Evaluación de la personalidad: 1. Pruebas objetivas: inventarios, cuestionarios y escalas – 2. Pruebas proyectivas – 3. Entrevistas: libres, semiestructuradas y estructuradas – 4. Observación directa y registro de conductas – 5. Inventarios autobiográficos y documentos personales

8. Anexos

9. Bibliografía

Introducción

La mayoría de las personas, cuando hablan de su forma de ser, empiezan enumerando ciertas peculiaridades de su modo de sentir, pensar y actuar. Dicen, por ejemplo: “soy alegre, optimista, extrovertido, apasionado, imaginativo, sentimental”. Analizando cualitativa y cuantitativamente este conjunto de características o rasgos de personalidad, se puede afirmar que cada individuo tiene una personalidad propia, distinta de la de los demás. Pero al comparar entre sí las diferentes personalidades, es posible establecer ciertas semejanzas entre ellas, de tal modo que podemos agruparlas en un reducido número de tipos o categorías. La agrupación de las personas en tipologías o categorías de carácter  o personalidad viene de antiguo, y son muchos los autores que han elaborado su propia tipología. Algunas de ellas alcanzaron notable difusión, como veremos en los capítulos siguientes.

El afán de clasificar a las personas según su manera de ser tiene que ver con la necesidad de conocer rápida y profundamente al interlocutor social: para saber si es una persona peligrosa o no, fiable, si será buen socio, un buen compañero para el matrimonio, un buen trabajador para el propio negocio o empresa; para saber cómo comportarse ante él y lograr una buena relación interpersonal y evitar los conflictos, que son dolorosos para las dos partes; y, en el caso de los profesionales de la salud, para saber si el problema físico o mental tiene que ver con su manera de ser, que le lleva a una manera de vivir que es patológica o  puede ser perjudicial para su salud.

La experiencia ordinaria nos muestra que todos analizamos la manera de ser de los demás con el deseo de esbozar un esquema o patrón de su carácter o personalidad, que se irá retocando con posteriores informaciones de dicha persona. El patrón resultante orienta nuestro modo de tratar a ese individuo. Como saben los iniciados en psicología, la necesidad de formar patrones cognitivos de la realidad que nos rodea a fin de orientar nuestra conducta no comprende solo al mundo de las relaciones interpersonales, sino a otros campos del comportamiento humano. Hay incluso una teoría psicológica que se conoce como “teoría de los mapas cognitivos”, que trata de explicar este modo de funcionar de la mente humana. Uno de los precursores de esta corriente psicológica es George Kelly, que es también uno de los teóricos relevantes de la psicología de la personalidad. Elaboró un modelo que denominó teoría de los constructos personales, en el que los constructos son los esquemas mentales que elabora cada persona sobre uno mismo y sobre el mundo, y que determinan su comportamiento.

Cada categoría o tipo de personalidad comprende algunas características que son muy marcadas, a las que algunos autores denominan “dimensiones principales”, “factores de primer orden” o “rasgos básicos”, y otras características menos salientes, que se consideran como secundarias o de segundo orden. En el lenguaje común, se llega a definir a una persona por la característica más dominante de su personalidad, y así se dice que es un perfeccionista, pesimista, sentimental, nervioso, impulsivo, en su versión negativa; o es un encanto, una buena persona, honrado, trabajador, auténtico, en su versión positiva.

Cuando en la personalidad de un individuo dominan las características positivas se le suele considerar como una “persona con carácter o con personalidad”. Se podría afirmar que, en la sociedad, el conjunto de características que se tienen por valiosas son las encarnadas por los héroes de las obras literarias y del cine, e integran el estereotipo modélico del carácter de una sociedad (personas puestas como ejemplo a imitar). Muchos de estos rasgos valiosos de la personalidad no son elegidos o determinados arbitrariamente en las diferentes culturas y sociedades, pues se observa que algunos de ellos son comunes a muchas sociedades distintas. Su valor deriva de satisfacer inclinaciones o tendencias básicas de la naturaleza humana: coherencia, nobleza, altruismo, sinceridad, sencillez, laboriosidad, creatividad, lealtad, valentía, decisión. Hay otras características cuya estimación varía con el tiempo y el lugar, es decir, dependen de la época y del lugar geográfico, y suelen ser elementos más superficiales del modo de ser de las personas y, por eso, son menos decisivos en el desarrollo personal; esto ocurre con ciertos patrones de conducta propios de la virilidad o la feminidad, o de la cortesía o educación social.

Finalmente, otra razón del interés por conocer la personalidad es su relación con las enfermedades mentales. Las patologías psiquiátricas más frecuentes tienen relación directa con un defectuoso desarrollo de la personalidad, que hace a los sujetos vulnerables al estrés normal de la vida. Antiguamente se llamaban “neuróticas” a un grupo de enfermedades que eran las de mayor incidencia en psiquiatría: fobias, ansiedad, depresión, histeria, hipocondría, obsesión. Y se debían a que el paciente era neurótico, es decir, tenía una personalidad neurótica, que es semejante a decir inmadura, y que se puede resumir en un desequilibrio psicológico debido a que la afectividad domina sobre la razón y la voluntad. En un capítulo posterior se explicarán con más detalle las características de la inmadurez de la personalidad.

El término neurótico fue acuñado por el médico escocés William Cullen en 1769 para referirse a los trastornos sensoriales y motores causados por enfermedades del sistema nervioso. En la psicología clínica este término se ha empleado para los trastornos mentales que alteran el pensamiento y el funcionamiento normal de una persona. Uno de los autores que difunde este término es Pierre Janet que publicó en 1909 un libro titulado “Las neurosis”, en el que explica las enfermedades funcionales, que son aquellas enfermedades físicas que no tienen una causa orgánica sino psicológica, ahora llamadas psicosomáticas o trastornos somatomorfos. Pero fueron Sigmund Freud y los autores psicoanalistas los que difundieron en el s.XX el término neurosis aplicado a las enfermedades mentales que tienen como síntoma fundamental la angustia.

La mayoría de los investigadores que se agrupan bajo el epígrafe de los teóricos factorialistas, que veremos más adelante, consideran que uno de los rasgos o factores básicos, bipolares y universales de la personalidad, es el neuroticismo, que tiene una base biológica, genéticamente heredada, y está formado por otros factores o rasgos secundarios, como la angustia, baja autoestima, inseguridad, tendencia a la depresión, irritabilidad, sentimiento de culpa, preocupación e impulsividad. La mayoría de estas características, con una intensidad elevada, aparecen en todas las patologías neuróticas que acabamos de citar.

Una de las condiciones para que una personalidad sea considerada patológica es que genere enfermedades mentales, generalmente del espectro neurótico, tanto por su base biológica común, como por impulsar una manera de vivir que tiene alto riesgo de producir esos trastornos mentales.

La relación entre personalidad y patología mental es bidireccional. Acabamos de comentar la mayor incidencia de enfermedades mentales en personalidades patológicas, pero también es verdad que las enfermedades mentales de larga evolución pueden producir cambios en la personalidad. Y, en ocasiones, estos cambios son en la dirección de la anormalidad o patología. De hecho, como veremos en el capítulo de los trastornos de personalidad, hay dos categorías de estos trastornos, una causada por enfermedades orgánicas cerebrales y otra por enfermedades psíquicas. Esta influencia negativa de las enfermedades físicas y mentales sobre la personalidad es más intensa según la gravedad, duración e inicio temprano de dichas enfermedades.

En la vida ordinaria de las familias, de las escuelas, de las relaciones sociales, todos observamos personas que tienen una manera de ser especial, distinta a la de la mayoría, que es el motivo por el que sufren mucho y de continuo y por el que sufren también las personas que les tratan. En estos casos interesa hacer un estudio precoz y profundo de su personalidad para saber cuál es la razón y poner el remedio oportuno, y así evitar tanto sufrimiento y el riesgo de cronificación y de comorbilidad (asociación de otras enfermedades psíquicas). En esta línea, en los últimos años, se ha avanzado algo en los colegios, con la creación de los departamentos de Psicopedagogía, y en la sociedad, con el desarrollo de los gabinetes psicológicos para niños y con el desarrollo de la especialidad de psiquiatría infantil. También han aparecido muchos libros para ayudar en la buena educación de la personalidad de los niños y para alertar sobre los errores educativos más frecuentes conducentes a producir personalidades vulnerables o patológicas.

Este texto ha sido elaborado con el deseo de aportar un grano de arena a esta causa de prevenir problemas de desarrollo normal de la personalidad y para detectar tempranamente los defectos de personalidad, y poder corregirlos a tiempo.

El estudio de la personalidad pertenece a la  psicología de la personalidad, que también se ha llamado personología, pero aunque este último nombre no ha triunfado es útil recordarlo para hacer énfasis en cuál es su objeto de estudio: la persona en su totalidad.

Los investigadores de esta área de la psicología han estudiado la personalidad con diferentes métodos: observación interna o introspección y observación externa; métodos cualitativos y cuantitativos; y han tratado también de explicar su origen.

Dado que el ser humano es el ser más complejo de la creación, hasta ahora se han logrado descubrimientos parciales, que han llevado a sus descubridores ha elaborar teorías explicativas de la personalidad, también parciales. Estas teorías tratan de explicar por qué un individuo es como es y porqué es diferente a los demás. Muchas de ellas, al resaltar un aspecto explicativo concreto, menosprecian otros factores causales. Así pues, hay teorías para las que el origen de la personalidad es la biología (la genética, el funcionamiento cerebral, la constitución física), otras afirman que el origen está en los procesos mentales o cognitivos (inteligencia y voluntad) y otras para las que el origen está en los estímulos ambientales, que provocan unas respuestas y, con el tiempo, esa relación estímulos-respuestas se aprende y se repite, una y otra vez, en la vida de los sujetos.

Algunos autores, ante la gran variedad de teorías, se inclinan por una aproximación teórica ecléctica, que consiste en coger lo que la mayoría de los autores consideran correcto de las teorías existentes y hacer una integración de esas piezas para construir una nueva teoría síntesis. Estos autores atribuyen el origen de la personalidad a la interacción de los factores biológicos, cognitivos y ambientales. Pero aún está lejos la meta de lograr una teoría unificada de la personalidad, que explique con veracidad todos los aspectos del comportamiento humano y las diferencias interindividuales.

Por las razones comentadas, en los años finales del s. XX y comienzo del XXI se ha producido un generalizado desencanto entre los investigadores de la personalidad global y ha surgido un interés por conocer, medir y relacionar algunas características o rasgos particulares de la personalidad con ciertos comportamientos, generalmente dañinos para el sujeto, como el consumo de sustancias, conductas adictivas y de riesgo, y con enfermedades físicas y mentales, o peligrosas para los demás como la violencia y la delincuencia. Algunos ejemplos de estos rasgos particulares son: búsqueda de sensaciones, sensibilidad al castigo y a la recompensa, autoestima, narcisismo, impulsividad, hostilidad, tolerancia a la  frustración, locus de control.

Otra consecuencia del desencanto por el estudio de la personalidad es que la investigación sobre esta ha sido eclipsada por la investigación en el área de la psicología social, cuyo objeto es estudiar los fenómenos psicológicos que se producen en los sujetos cuando entran en contacto con otros sujetos. Algunos ejemplos de estos fenómenos, que vienen produciendo gran cantidad de investigación, son: la atracción, el amor, el altruismo, los prejuicios, los estereotipos, la persuasión, la percepción de personas, las primeras impresiones de los demás, la distancia interpersonal, la atribución causalidad, la comunicación no verbal, la expresión facial de emociones,  la inteligencia emocional, los celos, los estigmas, la violencia, los conflictos sociales, la cooperación, la tolerancia, y otros muchos.

La inflación teórica en la psicología de la personalidad ha hecho que muchos textos sobre esta materia traten casi en exclusiva sobre la teoría de la personalidad, lo que ha llevado a que muchas personas identifiquen esta rama de la psicología con la exposición de las teorías de la personalidad y a considerar como objeto de la materia la diferenciación de las personas y su clasificación en tipos de personalidad, quedando en la periferia del objeto de la materia el estudio de lo que hace a una persona ser persona, es decir, los elementos básicos del funcionamiento humano normal.

Algunos autores consideran que la psicología de la personalidad está en la cumbre de la pirámide que forman todas las ramas de la psicología, pues, para poder entender y explicar el funcionamiento humano, se debe conocer antes cómo es el funcionamiento normal y patológico de sus elementos constitutivos, estudiados por ramas distintas de la psicología: sensación, percepción, imaginación, memoria, emoción y sentimiento, motivación, conocimiento y aprendizaje.

Aunque hay muchas teorías sobre qué es y cómo funciona la personalidad, sin embargo, hay un acuerdo unánime en la idea de que cada persona tiene una manera de ser, una personalidad propia, que contribuirá a definir los límites del éxito, de la felicidad y de la satisfacción de su vida.